Cruz Roja informa FICR presentó Informe Mundial de Desastres 2010:

LA COMUNIDAD DEBE SER PROTAGONISTA EN LA PREVENCIÓN Y RESPUESTA DE DESASTRES

En los próximos decenios casi todo el crecimiento de la población mundial se concentrará en las zonas urbanas de las naciones de bajos y medianos ingresos. Gran parte de este crecimiento demográfico tiene lugar actualmente en los asentamientos informales, donde las condiciones de vivienda son, por lo general, muy precarias y donde falta a menudo la infraestructura de protección más elemental.
Este crecimiento urbano se produce en gran medida en ciudades expuestas a fenómenos meteorológicos extremos y a marejadas ocasionadas por tormentas cuya frecuencia e intensidad deberían aumentar a causa del cambio climático.

  • Publicado el 27 de Septiembre de 2010

Ante un desastre natural, una ciudad bien administrada puede ser uno de los lugares más seguros del mundo. También puede ser el mejor lugar para criar a nuestros hijos, educarlos, tener acceso a la atención de salud y encontrar un empleo.

Pero también una ciudad puede ser el lugar más peligroso del mundo para quienes viven en un entorno donde faltan los recursos y la voluntad para garantizar los servicios sociales básicos, la seguridad alimentaria, la vigilancia policial, el suministro de agua potable y saneamiento, así como el respeto de normas de construcción apropiadas.

Una minoría privilegiada vivirá en lugares como Tokio, Toronto, Torino, donde en caso de incendio o inundación de la vivienda se puede pedir ayuda de emergencia y esperar que el seguro reembolse. Probablemente, cada integrante de la familia tiene su propio espacio dentro de una casa con agua potable conectada al sistema de alcantarillado, ubicada en un barrio donde existe un sistema de recolección de basura.

Pero nada de eso existe para los cerca de mil millones de personas que hoy viven en casas precarias situadas en lugares sin ninguna infraestructura de reducción de peligros ni servicios básicos. Un año cualquiera, más de 50 mil personas pueden morir en un terremoto y otros 100 millones verse afectadas por inundaciones. Y como el nivel de riesgo está fuertemente relacionado con la pobreza, los más afectados suelen ser los habitantes vulnerables de las ciudades.

Bien lo saben los habitantes de Haití, país que en enero pasado fue golpeado por un terremoto de magnitud 7.0 en la Escala de Richter. Los efectos de ese sismo fueron devastadores para una nación que ya enfrentaba una lucha diaria por la supervivencia contra las enfermedades, la malnutrición, el analfabetismo y el crimen.

Chile, por otra parte, debió soportar el quinto mayor terremoto de la historia mundial, grado 8,8 en la Escala de Richter, seguido por un maremoto que golpeó varios puntos de la costa chilena. Sin embargo, las consecuencias, trágicas sin duda, distan mucho de las que aún sufre el pueblo haitiano, acechado por epidemias, la falta de alimentos y de servicios básicos.

¿Cómo se explica esta diferencia?

Los riesgos de cada día

Nuestra vulnerabilidad a los riesgos que amenazan las zonas urbanas se manifiesta por doquier, y constituye un desafío que debemos afrontar si queremos evitar que el creciente éxodo a las ciudades conduzca a un aumento de enfermedades y muertes, por la repetición de los mismos peligros que entrañó el siglo XIX para la salud pública, exacerbados, hoy en día, por los riesgos que generan el cambio climático y la amenaza de pandemias.

El Informe Mundial de Desastres 2010 (IMD), elaborado por la FICR (Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y Media Luna Roja), está dedicado a analizar y alertar sobre esta situación. Por primera vez en la historia de la Humanidad, las zonas urbanas cuentan con más habitantes que las rurales. Casi 3 mil 500 millones de personas desarrollan hoy sus vidas en ciudades, y de ellos, 2 mil 700 millones lo hacen en urbes de países de bajos y medianos ingresos, enfrentando los riesgos asociados a una rápida y a veces improvisada urbanización, al crecimiento de la población, la deficiencia de los servicios de salud y, en muchos casos, a la creciente oleada de violencia urbana. A ello se suma una alta exposición a las consecuencias del cambio climático.

En ese contexto, el IMD constituye una herramienta de fundamental importancia para lograr hacer frente a esta tendencia mundial. Michele Detomaso, Coordinador de la Operación Terremoto Chile ­implementada por la Federación tras la tragedia de febrero pasado­, explica que este documento se elabora sobre la base de las experiencias de las distintas Sociedades Nacionales de Cruz Roja en el mundo. “La idea del informe es compartir las la lecciones aprendidas, las buenas prácticas, y mirar hacia adelante, fomentando el trabajo de preparación y prevención en materia de desastres. Es un trabajo que parte de las propias Sociedades Nacionales y que luego de ser sistematizado vuelve a ellas para mejorar la labor humanitaria que desarrollamos”.

Añade que todos los años esta iniciativa aborda una temática de interés distinta. Por ejemplo, en 2009 estuvo dedicado al cambio climático. “Este año responde al riesgo urbano, que ha despertado el interés y preocupación mundial, dado que muchos de los desastres que hemos visto en el último tiempo se han producido, precisamente, en las grandes ciudades”.

En esta oportunidad, el IMD busca llamar la atención de los distintos países del mundo, sus Gobiernos y comunidades, sobre los riesgos que enfrentamos en las zonas urbanas y entrega consejos para reducir la diferencia existente entre el mundo en desarrollo y el mundo desarrollado. También pone de relieve que en la era de la globalización las deficiencias que padece una región pueden afectar al mundo entero.

El Director Nacional de Gestión del Riesgo de Cruz Roja Chilena, Nelson Hernández, destaca que “el Movimiento Internacional de Cruz Roja ha visto con gran preocupación el aumento de la población, porque el crecimiento demográfico en las principales ciudades del mundo trae aparejado un aumento de los riesgos en todo sentido, como desastres naturales, desastres tecnológicos, violencia urbana y cambio climático”.

Añade que “a medida que las comunidades crecen en número de habitantes, estos riesgos aumentan, y es allí donde queda en evidencia la necesidad de articular el trabajo que hace Cruz Roja, como organización humanitaria dedicada a prevenir los riesgos asociados a desastres y afrontar sus consecuencias una vez ocurridos, con la labor del Estado y la acción de las propias comunidades”.

“Por cada dólar que se invierte en reducción de riesgos se dejan de gastar entre cuatro y siete dólares en la respuesta a los desastres”, acota el Nelson Hernández.

Asimismo, explica que el nivel del riesgo que enfrentemos “depende mucho de la vulnerabilidad de las comunidades y también de sus capacidades”. Esta relación queda reflejada en los dispares efectos de los terremotos que afectaron a Haití y Chile a principios de 2010. “Haití era muy vulnerable y por ende fueron más las muertes y las pérdidas materiales. Chile, por otro lado, tenía más capacidades instaladas”, destaca el Director de Gestión del Riesgo de CRCh, agregando que agregando que “nuestro país estaba mejor preparado, por ejemplo desde el punto de vista de la infraestructura. Chile ha sido un ejemplo a nivel mundial en lo relativo a las exigencias de construcción y el tipo de material usado para edificar. Eso fue muy positivo”.

A ello se suma “un sistema de protección civil muy bueno”. Pero estas condiciones favorables no deben hacer que olvidemos las falencias que dejó al descubierto la tragedia que enfrentó el país. “Aunque estamos en mejor situación que otros países con mayores vulnerabilidades aún nos falta mucho camino por recorrer”, acota Hernández.

Al respecto, Michele Detomaso aclara que “la vulnerabilidad tiene que ver con los recursos que el Estado y las mismas personas disponen para manejar las emergencias. La vulnerabilidad está muy ligada al desarrollo y la pobreza. En ese caso, no son sólo los datos macroeconómicos los que hacen la diferencia. Una zona urbana con muchos habitantes tener un alto o bajo riesgo según como esté siendo administrada por las autoridades, pero también según el grado de participación de las comunidades locales. No es suficiente tener un excelente sistema de protección civil y un buen gobierno local si al mismo tiempo la comunidad no es partícipe del manejo de la respuesta y de la prevención. No es suficiente tener una legislación que imponga estándares para la construcción si después no hay un manejo correcto de la urbanización o si ésta se hace sin considerar a la comunidad”.

Por ello, la FICR busca llamar la atención sobre la importancia de que en esta tarea de prevenir y prepararse para enfrentar los desastres la comunidad debe estar involucrada y ser protagonista directa en las acciones de prevención y preparación para responder a estos eventos. “Una de las principales conclusiones del IMD es la de involucrar a las comunidades locales para que participen en el manejo de la prevención, mitigando los riesgos que existen, especialmente en países como Chile, que enfrenta varios factores de riesgos naturales”, añade Detomaso, acotando que en esta tarea Cruz Roja Chilena cumple una función esencial. “La FICR, por estatuto, responde a los desastres cuando los alcances de éstos son muy grandes y sobrepasan el nivel de respuestas de las Sociedades Nacionales, de los propios países, y por eso estamos en Chile apoyándolos. Pero el trabajo de todos los días que hace la CRCh trabajando con la comunidad a lo largo del país en preparación y, si fuera el caso, en la respuesta, es irreemplazable”.

Nelson Hernández acota que el objetivo del IMD es “sensibilizar a las comunidades para que se involucren más en los procesos. No dejar el cien por ciento de las responsabilidades a las autoridades o a las organizaciones como Cruz Roja. Aquí estamos involucrados todos, porque todos somos parte de la misma sociedad. Para lograr equidad tenemos que contribuir todos. En la medida en que todos estemos involucrados y participemos activamente en estos procesos de reducción de riesgos la situación de equidad pasa a manejarse diferente, porque en el momento en que los desastres ocurren no hay ningún tipo de discriminación: afectan a ricos y pobres por igual, todos entran a la misma situación de vulnerabilidad”.

Detomaso añade que “el informe alerta a los Gobiernos sobre los vínculos que existen entre la pobreza y los riesgos. Pero también le dice a las comunidades locales que los Gobiernos no pueden hacer todo, y que ellos son actores principales para que se encuentren soluciones, por lo que deben activarse y actuar. Ese es el enfoque del IMD. Ya la mitad de la población del mundo viven en ciudades de mediano tamaño, dos tercios de la población tiene nivel económico medio-bajo, es decir no cuentan con recursos económicos para responder de manera adecuada. Y ahí la participación ciudadana y el correcto gobierno de la ciudad son fundamentales”.

“El hecho de vivir en una ciudad grande puede ofrecer mejores condiciones, pero si está mal organizada, hay mayor vulnerabilidad y mayores riesgos. La condición de éxito para que vivan bien radica en la gobernanza local, la autoridad local que involucra a la gente”, concluye.

Los riesgos de cada día

Chile es un país de desastres. Todos hemos escuchado esta frase, y a lo mejor, nosotros mismos la hemos pronunciado. ¿Pero tenemos real conciencia de qué significa?

“Muchas personas, en sus vidas cotidianas, no ven la importancia de hacer un trabajo previo a los eventos adversos, a pesar de que estamos acostumbrados a convivir con los riesgos. Estamos en un país sísmico, con el mayor número de volcanes activos en el mundo, tenemos una costa larguísima de casi 5 mil kilómetros que puede estar expuesta a tsunamis. Son situaciones con las que estamos acostumbrados a convivir y a lo mejor hemos tomado mucha confianza al respecto y nos hemos olvidado que tenemos que tomar ciertas medidas de precaución para que cuando estas amenazas se manifiesten nosotros sepamos cómo actuar y así salvar vidas”, indica Hernández.

Explica que en Chile existen cuatro zonas urbanas bien importantes: Santiago, Valparaíso-Viña del Mar, el Gran Concepción y La Serena-Coquimbo. “Son zonas urbanas donde el nivel de riesgo está aumentando precisamente por el crecimiento demográfico”. Así, hoy enfrentan situaciones que en el pasado no existían. “Por ejemplo, en Temuco la contaminación ha aumentado dramáticamente, llegando a niveles parecidos a los de Santiago. Eso años atrás no se veía. Están aumentando los riesgos de salud y de medio ambiente, precisamente por la contaminación. Son situaciones que se están viendo ahora y que responden al crecimiento demográfico, entre otros factores”.

Añade que “en Santiago, si bien es cierto la población en los últimos años no ha aumentado en la misma tasa que en años anteriores, sí se ha observado movimientos, desplazamientos de familias de una comuna a otra. Muchas comunas, especialmente en el sector oriente de la capital, están experimentando un aumento de la población y eso está significando nuevos riesgos. En el sector oriente se está urbanizando en la zona de la precordillera y eso aumenta muchísimo el riesgo de aluviones, por ejemplo. Recordemos lo que pasó hace un año en Farellones, donde una madre y su hija perecieron por un mal ordenamiento urbano”.

A ello se suma la violencia urbana, la violencia intrafamiliar, injusticias sociales. “Son comunas que no estaban preparadas para un crecimiento demográfico en tan poco tiempo, no se tomaron las medidas en forma oportuna y así se presentan este tipo de problemas, con consecuencias tan serias para la sociedad”.

Conclusión

Michele Detomaso explica que el IMD “permite a los gobiernos ver el vínculo directo que hay entre pobreza y riesgo, y a la comunidad darse cuenta de que los gobiernos no pueden entregar respuesta para todo. Así es que la comunidad debe transformarse en un actor principal en la prevención e implementación de la respuesta”.

“Son las dos piernas de un mismo actor. El gobierno fue escogido por la gente, por la comunidad. La comunidad pide a su gobierno respuestas adecuadas a los problemas que están viviendo y el gobierno tiene que ofrecerle herramientas para que la comunidad pueda responder en forma adecuada. Y la respuesta no puede ser después de un desastre, sino que debe comenzar antes, con la prevención, mitigación, preparación”, acota.

Por su parte, Nelson Hernández subraya que Cruz Roja Chilena ha asumido la sensibilización de las comunidades como una de sus principales tareas. “Es fundamental que la comunidad participe y, por ejemplo, conozca muy bien los riesgos que enfrenta, lo que luego permitirá tomar medidas para reducirlos. Ahí todos los actores estamos involucrados. Algo tan simple como conocer las vías de evacuación en la propia casa, no poner objetos -como adornos o plantes-, que puedan transformarse en obstáculos cuando exista la necesidad de evacuar. Son buenas prácticas que la comunidad, dentro de las mismas familias, pueden llevar a cabo para reducir los riesgos y poder actuar con eficiencia cuando ocurran estos eventos”.

INFORME MUNDIAL SOBRE DESASTRES 2010: RIESGO EN ZONAS URBANAS EN CIFRAS
3.495 millones
Número de habitantes de zonas urbanas en 2010

3.412 millones
Número de habitantes de zonas rurales en 2010

2.600 millones
Número de habitantes de zonas urbanas en países de bajos y medianos ingresos

2.500 millones
Número de personas en riesgo de contraer el dengue en todo el mundo

1.400 millones
Número estimado de habitantes de zonas urbanas que en 2020 vivirán en barrios marginales

1.000 millones
Número de habitantes de zonas urbanas que en 2010 viven en barrios marginales superpoblados

925 millones
Número de habitantes de zonas urbanas en países de altos ingresos

650 millones
Número de armas de fuego propiedad de civiles en todo el mundo

142 millones
Número medio de personas afectadas cada año por desastres naturales (2000-2008, incluidas inundaciones)

99 millones
Número medio de personas afectadas cada año por inundaciones (2000-2008)

200.000
Número de personas que mueren cada año por armas de fuego en países en paz

50.184
Número medio de personas muertas cada año por eventos sísmicos (2000-2008)

10.551
Número de muertos a causa de desastres naturales en 2009

6.707
Número de muertos a causa de desastres tecnológicos en 2009

351
Número de desastres naturales registrados en 2009

225
Número de desastres tecnológicos registrados en 2009

79
Mortalidad infantil en los países en desarrollo (por cada 1.000 niños nacidos vivos)

75%
De la cantidad total conocida de armas de fuego en el mundo se encuentra en posesión de civiles

72%
De la población europea vive en zonas urbanas

70%
Porcentaje en que debe aumentar la producción agraria mundial para poder alimentar a los 9.000 millones de personas que habitarán el planeta en 2050

60%
De los habitantes de zonas urbanas de países en desarrollo ha sido víctima de crímenes

17%
De la población de los barrios de tugurios de las ciudades kenyanas sufre diabetes o hipertensión

13%
De la población mundial vive en zonas costeras de baja altitud altamente vulnerables (que representan tan sólo el 2% de la superficie terrestre mundial)

6
Mortalidad infantil en los países industrializados (por cada 1.000 niños nacidos vivos)

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    Informe Mundial Desastres 2010. Resumen en Español (PDF. 1,8 MB)

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    World Disasters Report 2010. Focus on Urban Risk. Full Version in English (PDF. 5,3 MB)