Cruz Roja informa Junto a Servicio Jesuita a Migrantes y Hogar de Cristo:

CRUZ ROJA TRABAJA PARA MEJORAR CONDICIONES DE VIDA DE MIGRANTES EN CHILE

Este domingo 5 de septiembre se realizó un completo operativo de salud, donde se entregó atención en Medicina General, Pediatría, Ginecología, Kinesiología y Salud Mental. También contaron con apoyo de abogados y stand de atención de servicios públicos, como Fonasa.
Se trató de una jornada en la que fueron atendidos con respeto y sus necesidades fueron escuchadas. Eso, para ellos, es un gran avance. Como señala Gastón González, subdirector del Servicio Jesuita a Migrantes, “el que el voluntariado de Cruz Roja venga y les diga ‘estamos a su disposición, queremos ayudarlos’, es fantástico. Para ello, el que alguien los atienda con una sonrisa, que los respete, que los escuche, que los valore, que sepa algo de su historia, de su cultura, ya es un gran cambio”.

  • Publicado el 08 de Septiembre de 2010

La pequeña Sandrita ríe feliz en los brazos de Carmen Señoret, voluntaria de Cruz Roja. Es chilena, nacida en nuestro país, hija de padres peruanos. Su madre, de escasos veinte años, observa atenta cómo Carmencita enseña pacientemente a un grupo de migrantes técnicas de primeros auxilios para bebés. Y Sandrita, a sus escasos cuatro meses, ya es toda una modelo.

Su encantado público está compuesto por personas de las más variadas procedencias: Perú, Bolivia, Ecuador, Colombia y Haití, son algunas de las naciones que están representadas. Son migrantes, personas que dejaron sus países de origen, sus familias, su cultura y su historia buscando una mejor forma de apoyar a quienes más quieren. No fue una decisión fácil, pero la tomaron pensando en un futuro mejor para sus padres, para sus hermanos, para sus hijos e hijas…

Sandrita está esperando para ser atendida por un pediatra. Llegó temprano en la mañana a la Parroquia Jesús Obrero, al lado del Santuario del Padre Alberto Hurtado, vestida toda de rosado, con un gorrito que lucha por sacarse porque el sol ya empezó a entibiar. Su abuela no está muy segura. “¿Y si se enferma? ¿Cómo tendremos atención médica?”. Mmmm, mejor el gorrito se queda en su lugar.

Si para muchos chilenos y chilenas acceder a una atención de salud rápida y de calidad es difícil, para la población migrante lo es más aún. Se trata de un grupo particularmente vulnerable. El terremoto del pasado 27 de febrero afectó a muchos de los cités en los que se alojaban, haciendo más difíciles las condiciones en las que ya vivían. El día a día no es fácil. Al llegar a un país que no es el suyo perdieron su historia, su identidad. Sus estudios, su experiencia laboral, en fin, todo lo que hicieron en su hogar acá en Chile no vale lo mismo. Son como niños, necesitan de otros para poder moverse y actuar. No saben cómo ubicarse, no saben cuándo alguien habla en serio o en broma, si lo está engañando o si lo quiere ayudar. Necesitan de otros. Pero no tienen redes, porque han perdido a sus amigos, a sus familias.

Muchas veces están ocultos para las estadísticas, porque no cuentan con documentos de identificación o porque se esconden frente a un encuestador por temor, por desconfianza.

Son personas que normalmente no vivían así en sus países. Es cierto, viajaron buscando mejores perspectivas para sus familias, pero acá viven en condiciones casi inhumanas porque todo lo que obtienen en trabajos precarios lo ahorran para enviárselo a sus familias.

Las condiciones en las que viven son difíciles. Porque los migrantes viven la suma de las inequidades e injusticias que nuestra sociedad también sufre. Si hay discriminación entre nosotros, ésta se hace extensiva a los migrantes, con el agravante de la desconfianza y la discriminación. Muchas veces los chilenos y chilenas sentimos que nos vienen a quitar nuestros trabajos, que alteran nuestro ambiente. ¿Si viene de afuera, por qué voy a confiar?

La realidad que viven los migrantes es dura, difícil, con pocos rostros amables.

Por eso la actividad realizada por este domingo 5 de septiembre por Cruz Roja Chilena, CRCh, y el Servicio Jesuita a Migrantes, SJM, tiene tanta relevancia. Se trató de un completo operativo de salud, donde los asistentes pudieron acceder a atención en Medicina General, Pediatría, Ginecología, Kinesiología y Salud Mental. También contaron con apoyo de abogados y stand de atención de servicios públicos como Fonasa y el Registro Civil.

Además, voluntarios y voluntarias de Cruz Roja Chilena entregaron atención en primeros auxilios, servicio de medición de signos vitales, y jóvenes se preocuparon de realizar actividades recreativas con los niños y niñas mientras sus padres eran atendidos por los profesionales de salud. CRCh también entregó orientaciones en materia de salud primaria, primeros auxilios, con especial énfasis en la atención de menores en casos de atragantamientos y asfixia.

Se trató de una jornada en la que fueron atendidos con respeto y sus necesidades fueron escuchadas. Eso, para ellos, es un gran avance. Como señala Gastón González, subdirector del Servicio Jesuita a Migrantes, “el que el voluntariado de Cruz Roja venga y les diga ‘estamos a su disposición, queremos ayudarlos’, es fantástico. Para ello, el que alguien los atienda con una sonrisa, que los respete, que los escuche, que los valore, que sepa algo de su historia, de su cultura, ya es un gran cambio”.

González valora el trabajo conjunto de instituciones humanitarias, señalando que “el que le hagamos más fácil la vida, los acompañemos, los apoyemos, los defendamos, es muy importante. No cambia quizás sus ingresos autónomos mensuales, pero les cambia la calidad de la vida”.

Y la sonrisa en el rostro de Sandrita lo confirma.

Los migrantes no pueden esperar

 El trabajo con los migrantes puede no ser popular. Como tampoco lo es trabajar con los pueblos originarios o con jóvenes en riesgo social. A nivel de diseño de políticas públicas y de legislación hay serias falencias. Pero las personas que viven estas situaciones de discriminación y vulnerabilidad no pueden esperar hasta que se dicten nuevas leyes o se corrijan comportamientos sociales. Por ello, la labor que realiza Cruz Roja Chilena, el Servicio Jesuita a Migrantes y otras organizaciones humanitarias es tan importante y no puede faltar. Especialmente en áreas tan críticas para el bienestar del ser humano como lo es la Salud.

En esta área, explica Rodrigo Aguayo, director del Servicio Jesuita a Migrantes, el “trabajo conjunto con Cruz Roja ha sido fundamental. La única manera que nosotros hemos tenido de poder ofrecerles algo a los migrantes es en el trabajo en red. Cruz Roja es un apoyo invaluable para la urgencia que se está viviendo acá. Nosotros vamos a seguir insistiendo para mejorar la situación y esperamos poder seguir contando con el respaldo de Cruz Roja”.

Para CRCh, trabajar con los migrantes es una más de las responsabilidades que le impone su deber humanitario. “Nuestro compromiso es hacia las poblaciones más vulnerables, sin ningún tipo de distinción”, destaca el Director Nacional de Salud de Cruz Roja Chilena, Robinson Talavera.

Añade que la institución está empeñada en romper esa suerte de círculo vicioso en el que se ven atrapados los migrantes. “Son una parte vulnerable de la población, porque no tienen acceso a los mismos derechos que los nacionales. Además, reciben un trato despectivo en algunos servicios públicos, ya sea porque no tienen cédula de identidad o porque tienen miedo a ser deportados. También está la estigmatización por su nacionalidad, por su apariencia. Entonces, se produce un círculo vicioso donde como son maltratados, ellos llegan con una actitud hostil demandando y como son demandantes, los empleados públicos los atienden mal. Entonces, hay ahí una situación que queremos abordar”.

Pero hay otro elemento que reviste especial interés, y que Cruz Roja está abordando por razones que podrían denominarse “tácticas”. “Cualquier cosa que le ocurra a este segmento de la población nos va a ocurrir a nosotros tarde o temprano”, explica Robinson Talavera. “Muchas de estas personas pueden estar en nuestras casas desarrollando labores domésticas, por ejemplo, o en la vía pública, en las escuelas, etcétera. Si un sector de la población cualquiera, por estar más expuesto, desarrolla cualquier tipo de patología, tarde o temprano nos ocurre a todos”. A modo de ejemplo, relata que en el último tiempo se han producido rebrotes de enfermedades que estaban hace mucho tiempo erradicadas en el país, como la tuberculosis. “Se cree que una de las causas fue la globalización a la que estamos expuestos, porque por nuestras fronteras está pasando una cantidad enorme de gente, y no estamos hablando del típico migrante peruano, boliviano, ecuatoriano, a los que estábamos acostumbrados. También estamos recibiendo haitianos, colombianos, incluso orientales. Esto ha hecho que las barreras sanitarias no sean suficientes. Si no nos preocupamos de estas vulnerabilidades, esta población está más expuesta a contraer las enfermedades y tarde o temprano nos las pasan a nosotros”, concluye.

No a la discriminación

Los migrantes sufren las mismas inequidades que también afectan a la población chilena. Por eso, el trabajo desarrollando por CRCh y el SJM se realiza bajo un enfoque integrador, dejando de lado toda posible discriminación. “Si queremos ayudar a los migrantes tenemos que ayudar a la población en general. En ese contexto, es súper interesante lo que logramos con Cruz Roja, de hacer un operativo enfocado en los migrantes, pero donde no vamos a discriminar. Por ejemplo, si en estos momentos aquí llegan chilenos que lo necesitan, van a ser atendidos. Aquí no se discrimina. Nos enfocamos en las poblaciones, en los cités donde los migrantes viven, pero también vamos informando a los chilenos y chilenas que también lo necesitan”, expresa, agregando que “haríamos un flaco favor solamente trabajando con los migrantes. Porque si chilenos se enteran de que esto es solamente para los migrantes, la odiosidad va a aumentar”.

De la misma forma, Cruz Roja ha velado porque la distribución de la ayuda humanitaria a raíz del terremoto del 27 de febrero llegue a todos los sectores que lo requieran, incluyendo a los migrantes.

Por ello, el trabajo mancomunado de las organizaciones humanitarias es tan importante. Talavera señala que hay que aprovechar las fortalezas que cada una tiene. Por ejemplo, el SJM facilitó a CRCh llegar a este grupo objetivo para la realización del operativo de salud. “Si nosotros hubiéramos querido empezar de cero a acercarnos a los migrantes, habría sido más difícil y demoroso. Primero, determinar sus principales problemas, ganarnos su confianza, atraerlos, organizarlos. En cambio, el hecho de que existan otras redes ya funcionando fue muy favorable. Segundo, nos validamos muy bien con estas redes. Ellos nos necesitan a nosotros por la experiencia específica que tiene Cruz Roja en el ámbito de primeros auxilios, y nosotros los necesitamos por el conocimiento que tienen de este grupo”.

Rompiendo mitos

Muchos son las ideas preconcebidas que existen respecto a los migrantes. Muchas veces hemos sentido que el país se está llenando de migrantes, pero la realidad es que no sobrepasan los 320 mil en el país. Es decir, cerca de un 2 por ciento del total de la población. En cambio, si consideramos los chilenos y chilenas que han viajado fuera de nuestras fronteras también buscando mejores perspectivas de vida para sus seres queridos, la situación es muy distinta. Son alrededor de un millón los compatriotas que han emigrado, tres veces más que quienes se han establecido en Chile. Somos en ese sentido, un país exportador de migrantes más que importador.

Tampoco resulta plausible el que los migrantes vengan a quitarnos el trabajo. La verdad es que muy pocos de los trabajos que realizan los migrantes serían soportados por los chilenos. Se tratan muchas veces de trabajos sin contrato, en condiciones laborales deplorables, donde el abuso es la constante.

Por otra parte, muchos de los migrantes son personas preparadas, con estudios completos. Generalmente los migrantes son personas jóvenes o en edad intermedia, que ya tuvo salud, educación en sus países, que ya están formados, y que se trasladan a otras naciones en el momento preciso en que comenzaban a aportar a sus países de origen.

“Aquellos que piensan que hay que expulsar a todos los migrantes, a los ‘ilegales’, del país, entonces yo digo que nos devuelvan a todos los chilenos que están en edad de trabajo, que necesitan salud, que necesitan educación para sus hijos. El mundo en el que vivimos, el modelo económico, ha fomentado la migración. Entonces, tratemos a los migrantes como queremos que a nuestros chilenos en el exterior sean tratados”, indica Rodrigo Aguayo.

Como concluye Robinson Talavera, “ojalá alguien esté haciendo por nuestros chilenos que viven en el exterior lo mismo que nosotros estamos haciendo por los migrantes que viven en Chile”.


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